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viernes, 18 de noviembre de 2016

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La tienda online está temporalmente fuera de servicio por mejoras. Esperamos poder tenerla de nuevo operativa en unos días. Si queréis comprar algún libro, podéis contactar con nosotros en estas direcciones de correo: info@edicionesfranciscanasarantzazu.com edicionesfranciscanas@efarantzazu.e.telefonica.net O en el teléfono: 945147224

martes, 15 de noviembre de 2016

Ecología franciscana

Raíces de la Laudato Si’, es el título del nuevo libro que hemos publicado en nuestra Colección “Hermano Francisco”.

El libro está prologado por Fr. Carlos Amigo, Cardenal Arzobispo Emérito de Sevilla. Nos valemos de sus palabras para presentaros la obra:
No es la primera vez que el profesor Martín Carbajo Núñez se ocupa de temas de ética y, más concretamente, de aquellos que se refieren a la responsabilidad social, política, económica y de la comunicación. Pero se venía echando de menos algún estudio más específico sobre temas ecológicos desde la perspectiva franciscana.
Francisco de Asís compuso, hace siglos, el Cántico de las Criaturas; el Papa Francisco nos lo ha recordado y puesto al día en la encíclica Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común. El espíritu de Francisco de Asís revolotea de continuo en esta encíclica, como un eje transversal que la impregna de impresionante sencillez. 
 Se nos invita así al gozoso deber de acercarnos al libro de la creación y a construir la paz, superando los desafíos éticos del mundo globalizado. Este es también el objetivo de las páginas de este libro.
Coincidimos con el autor en afirmar que Francisco de Asís es un modelo excelso de inspiración para una verdadera ecología del cuidado de la casa común. Siguiendo su ejemplo, tenemos que superar algunos ecologismos con ambiguas militancias y no pocos contrasentidos, que hacen evidente seguir avanzando en la reflexión y en el asentamiento de la verdad. Se necesita una ecología completa que sea, a la vez, intelectual, moral y trascendente. No cabe el divorcio, sino la integración. La ecología no puede ser únicamente una cuestión académica pluridisciplinar; debe ser también una actitud vital, que respete y potencie esa unidad incuestionable que existe entre el mundo, la persona y Dios. En este línea de ecología integral se sitúa este libro. 
Resulta evidente la visión franciscana de su autor; y la verdad es que nos hubiera sorprendido que no fuera así, pues su formación, su amplitud de ideas y su preocupación por la vigencia y actualidad del franciscanismo en los temas sociales lo estaban requiriendo. En efecto, lo franciscano es imprescindible en cualquier reflexión seria sobre el cuidado de la casa común. A nadie puede sorprender que Francisco de Asís sea el Patrono universal de los ecologistas. El profesor Martín Carbajo no ha necesitado mucho para demostrar en estas páginas los méritos que tiene el Poverello para tan merecido título.
El problema ecológico es complejo y va mucho más allá de la protección de los grandes espacios naturales y de la relación del hombre con el medio ambiente. El interés por la ecología no puede quedarse reducido a la aventura de algunos militantes y activistas, empeñados en sacar adelante unos determinados programas. Se necesita una verdadera escuela, con la pedagogía más adecuada, para que todos podamos comprender y orientar los temas ecológicos y para que sepamos superar algunos evidentes contrasentidos.
No es, por tanto, extraño que el autor de este libro subraye la ambigüedad del pensamiento actual sobre la ecología, la ética ambiental y la sostenibilidad. hace notar la necesidad de una reflexión serena y bien ponderada, en la que todos participen, para poder abrir nuevos horizontes de esperanza. Para ello, propone a san Francisco y a la tradición franciscana como fuentes de inspiración.
Argumentos, caminos y vías franciscanas del acercamiento a Dios no son tanto los razonamientos filosóficos y los discurso apologéticos, cuanto la seducción por el bonitatis splendor, la fascinación ante el amor de Dios que se ha derramado en la creación entera y particularmente en el hombre.
Martín Carbajo, como no podía ser de otra manera, termina el libro con un espléndido capítulo sobre la reconciliación y la reconstrucción de la gran familia cósmica. Una familia cordial y universal, en la que soñaba y para la que vivía Francisco de Asís. 
Ver el índice y la presentación 

martes, 4 de octubre de 2016

Aprender a vivir con Francisco de Asís: tan humano y tan de Dios

Celebramos hoy la fiesta de san Francisco de Asís. Ocho siglos después, es mucho lo que se ha escrito y hablado de Francisco, pero su vida parece un manantial inagotable. Su persona y su mensaje siguen siendo una fuente en la que beber, una llama a la que acercarse, un aire fresco para la Iglesia y el mundo.
“Porque vivimos en las afueras de Dios, si es que Dios tiene afueras y no son él también. No hay por qué elegir entre Dios y lo otro:  lo otro son también sus afueras. Todo... "(Antonio Gala)
¿Por qué aprender de Francisco de Asís? Porque cuando uno se acerca a él sin prejuicios encuentra el “modelo” de lo que uno quisiera hacer con la vida. No para repetir lo que él hizo, sino para aprender la filosofía de fondo que le conducía, las razones de su estilo.
Siendo Francisco un hombre tan medieval, resulta, sin embrago, tan llamativamente moderno. Posee Francisco ese atractivo de los grandes hombres, de los que han acertado en la vida con la vida.

  • Siendo tan pobre, aparece siempre tan “rico”, tan lleno de vida. 
  • Siendo enfermo toda la vida, abundaba en la alegría y gozos profundos.
  • Sin tener nada lo tiene todo
  • Sin pretenderlo, llega a los extremos de la tierra y de la historia.
  • Siendo un indocto, sin cultura, ofrece las claves de lectura de una vida bien planteada.
  • Original e independiente en sus posturas y gestos, pero sometido sin embargo a la voz y el dictado de sus hermanos.
  • Hombre de evangelio, libre pero estrechamente ligado a la Iglesia en profunda y respetuosa obediencia y comunión con ella.
  • Crucificado y dolorido por sus propias enfermedades y por las experiencias de la vida, pero cantor incansable de la gracia y de la vida.
  • “Tocado y herido por la vida, pero reconciliado y pacificado por dentro.
  • Cantor de la naturaleza, del cosmos, de la vida... y capaz de afrontar la muerte cantando y llamándola “hermana muerte"
  • Hombre fraterno, rodeado de amigos y hermanos, pero solitario al mismo tiempo, muy “él mismo”, sujeto de su historia y de sus opciones.
  • Un hombre “tan de Dios” y tan del hombre: humano, familiar, fraterno.   (Cf. “Aprender a vivir con Francisco de Asís", Joxe Mª Arregi) 
Cuando uno da, como Francisco de Asís, con “el amor loco de Dios”, entonces la vida se vuelve don y canto, agradecimiento y ofrecimiento a los demás.

¡Feliz día de san Francisco a todos!

viernes, 30 de septiembre de 2016

Aprender a vivir con Francisco de Asís: los verbos de la vida

La vida es para saborearla y gustarla, no para tragarla y, menos, para dejarnos tragar por ella.



Todos sabemos lo que es un verbo, lo utilizamos cada día en nuestro lenguaje hablado y escrito. Si vamos al diccionario, encontramos esta definición: Clase de palabra con la que se expresan acciones, procesos, estados o existencia que afectan a las personas o las cosas.
La vida, nuestra vida, está llena de “verbos", es decir, de acciones, procesos, estados... y no siempre acertamos a conjugarlos bien. Necesitamos aprender.
Venimos reflexionando estos días de la novena a San Francisco con el libro “Aprender a vivir con Francisco de Asís”, Joxe Mª Arregi. hoy nos preguntamos: ¿Qué significa, en verdad, aprender a vivir con Francisco?

Aprender  a vivir con Francisco de Asís significa, sobre todo, aprender a conjugar algunos verbos de su diccionario: 
Acoger: Es quizá lo primero que se aprende con el hermano Francisco: acoger la vida, acoger lo que hay, acoger al que viene y al que va, acoger lo que viene. Porque la vida es primero de todo un don, una oportunidad, un regalo que el Padre Dios nos hace. Acoger, admirar, asombrarse, agradecer, son actitudes que en Francisco salen a borbotones. Son los verbos que debemos aplicar a la vida, a la de cada uno, a la de los otros, a la de todos los seres.  
Desplegar: Cuando uno se acerca a Francisco la sensación que deja es la de un hombre desplegado, realizado, hecho, feliz, amplio. Francisco recuerda la vitalidad, la frescura, la atracción de Jesús resucitado: plenitud de vida. Desplegar la vida en todas sus potencialidades, aspectos y direcciones. Ese es el gran sueño de Dios: que participemos de la vida desplegada de Dios en comunión, de su plenitud armoniosa y amorosa. Si es regalo, como dice Francisco, no es para guardarlo; el regalo hay que desenvolverlo, mostrarlo, compartirlo. 
ReplegarEs preciso también aprender a replegar cuando llega el momento, cuando la naturaleza grita su impotencia, cuando las arrugas denotan madurez y cansancio... Y replegar no es una derrota sino saber acoger y descubrir el otro lado de la vida, el horizonte. Tan vida es el otoño como la primavera. Hay quienes necesitan aprender a desplegarse todavía más pero hay quienes necesitan aprender a replegarse, asumir el otoño y permitir su función en el ciclo de la vida. 
CuidarseLa vida es un gran regalo pero cargado también de sorpresas. Envuelta en sus muchas cortezas, guarda sorpresas, agradables unas, otras no tanto. Por eso, la vida exige cuidarse. Cuidarse de “jugar a vivir” porque aquí no hay ensayo general; no exasperarla, no abusar de ella, no descuidarla, no azuzarla.  
CuidarCuidar el cuerpo con sus gritos y el alma en su sed de sentido, cuidar el trabajo y el ocio, cuidar la relación y cuidar la soledad, cuidar el hoy y cuidar el mañana. Y todo ello con el respeto debido, con delicadeza, porque es frágil; sin miedo, pero con sabiduría.   
Dejarse acompañarFrancisco de Asís es, por encima de todo, una lección de acompañamiento, de dejarse acompañar. El secreto de su vida no es que era equilibrado y sabio, un “fuera de serie” que supo acertar en la vida. Su secreto estaba en su sed de Dios, en su búsqueda del absoluto, en la lucha, cuerpo a cuerpo, con el Señor, como Jacob. Y cuando Francisco entendió que la vida es dejarse acompañar, todo lo demás quedó resuelto. Su corazón quedó centrado en el “Omnipotente y buen Señor”  y a él dedicó su cuerpo, su espíritu, sus energías, su tiempo, su día y su noche, su canto, su llanto, su vacío. Y Él, "el Amigo de la vida”, le devolvió el favor en forma de vitalidad, de alegría, de gozo, de esperanza, de lucidez, de confianza y plenitud. 

¿Demasiado simple para lo compleja que es la vida? ¿Demasiado pobre para la riqueza que se encierra en Francisco?  La vida sigue siendo un misterio y como misterio hay que acercarse a ella. Francisco pretende que todos saboreemos y gustemos la vida, no sea que nos traguemos la vida sin apenas darnos cuenta o, peor aun, no sea que ella nos trague en una de sus muchas y sorprendentes curvas.
¿“Por qué tanto rodeo” para dar con el secreto de la vida y de Dios? ¿"Por qué tanto rodeo", Dios mío, para salvarnos? Hermosa la vida, bella, muy bella, pero compleja, misteriosa.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Aprender a vivir con Francisco de Asís: Vivir con fundamento


¿Quién no ha hablado u oído hablar de la crisis? Nuestra sociedad está en crisis, nuestro país está en crisis, nuestro mundo está en crisis. Hay muchas clases de crisis, aunque la que más ha ocupado nuestro tiempo últimamente es la crisis económica. Pero ¿y la crisis de valores? ¿Acaso no es tan importante o más? Porque sin valores ¿cómo vamos a crear una economía más justa?; ¿cómo vamos a hacer posible una convivencia en el respeto, la libertad y la paz? Y sin una buena tierra donde hundir las raíces de nuestra existencia ¿cómo encontrar los verdaderos valores?


Seguimos celebrando la novena a San Francisco de Asís de la mano del libro de Joxe Mª Arregi : “Aprender a vivir con Francisco de Asís”, Ediciones Franciscanas Arantzazu 2013, porque creemos que Francisco de Asís nos puede ayudar a "vivir con fundamento"

"Mi Dios y mi Todo (Francisco de Asís) 
En estos tiempos en que se discuten todos los valores que permiten dar sentido a la vida, la tarea más urgente del hombre moderno es la búsqueda de un suelo firme donde afianzar sus pasos” (Marcel Legaut).
La frase de Marcel Legaut, ese gran pensador que ha buceado tan honda y bellamente el ser y misterio humanos, expresa muy bien lo que para mí significa la expresión “vivir con fundamento”. No se trata de aprender solamente a vivir la vida más o menos ordenadamente, sin extravagancias o atropellos; se trata de encontrar fundamento, una base, un suelo firme, algo, alguien, en quien poder confiar y descansar la propia existencia y pertenecerle. Se trata de dar con la razón de ser de la existencia personal, con aquello que, a la postre, será la razón de ser de lo que hacemos y padecemos, de lo que esperamos, soñamos y también de lo que amamos.

Si algo nos aporta Francisco de Asís, y el franciscanismo, es precisamente esto: fundamentos de la existencia. Y en este sentido el franciscanismo sigue siendo actual porque responde al hambre y sed del hombre moderno, que no es sino hambre y sed de sentido y de perpetuación.

Francisco de Asís ha quedado para la historia como “il poverello”, como el cantor de la creación y el pacificador del “hermano lobo”. Pero, a mi entender, su herencia no es principalmente esa. El fundamento de la existencia de Francisco fue una relación, un amor: la persona de Jesucristo; y también una palabra: el Evangelio escuchado, admirado y seguido. ¿No es una relación lo mejor que puede pasarnos en la vida? Y ¿no comienza toda relación con una palabra?
Francisco de Asís fue, por encima de todo, un hombre cogido por una relación: “Mi Dios y mi Todo”; enamorado de una persona: Jesucristo pobre y humillado. Él fue su fundamento, su gozo, su seguridad y su futuro. Y de ahí arranca todo el resto de valores, vivencias, aportaciones y opciones.
“Se me ha pasado la vida y lo tremendo es que no he hecho nada que merezca la pena y me encuentro vacío”. A menudo esta es la sensación que nos queda en la vida: la vida se nos escapa y echarnos atrás es imposible y hacia el futuro no vemos horizonte. A menudo nos falta algo sólido a que agarrarnos. Somos responsables del guión de la propia existencia y no podemos permitirnos vivir la vida de segunda mano ni vivirla sin fundamento. Es preciso aprender a reaccionar a tiempo y reconducir la vida buscando aquellos fundamentos que den cuenta de lo que somos y hacemos.
También Francisco, en su juventud, creyó poder fundamentar su vida en luchar por unos ideales de liberación, hacerse famoso, en pasarlos bien, en sueños de grandeza. Algo, (la cárcel, una larga enfermedad...) le hizo experimentar que no iba por el buen camino. Que todo aquello no es que fueran cosas malas, es que no fundamentan. Un día, en sueños Francisco escuchó: “¿quién te puede ayudar más? ¿El Señor o el siervo? (2Cel 6).; pero lo que los biógrafos llaman “un sueño”, en realidad era una crisis de Francisco. Estaba queriendo fundamentar su vida en algo y se encontró con el regalo de “alguien” y ahí comenzó el vuelco y con ello Francisco dio con el corazón de su proyecto, dio con el “amigo de su vida”, con Él, que fundamenta la vida y la afianza.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Aprender a vivir con Francisco de Asís: Comenzar

Siempre ha sido importante aprender a vivir, pero hoy más que nunca es una asignatura que tenemos pendiente. Necesitamos guías, maestros, compañeros de camino que nos enseñen a vivir, no parcialmente, sino a VIVIR, con mayúsculas, esta hermosa y compleja vida que se nos ha regalado a cada uno.
Comenzamos hoy la novena de San Francisco de Asís y queremos ofreceros estas sencillas reflexiones entresacadas del libro: Aprender a vivir con Francisco de Asís”, Joxe Mª Arregi, Ediciones Franciscanas Arantzazu 2013, porque creemos que Francisco de Asís es un buen “maestro de la vida”.

“Comencemos, hermanos, poco es lo que hemos adelantado” (cf. 1 Cel 103)
“Comencemos, hermanos” es una frase hecha de Francisco de Asís, pero es, sobre todo, un modo de entender la vida como comienzo continuado, como humildad, como modo de reconocer que amar, lo que se llama amar, nunca lo acabamos de hacer totalmente bien; como modo de reconocer que, por mucho que se haga, no se ha llegado a la meta.

¿Por qué Francisco, tan entregado, tan radical, tuvo que decir “comencemos, hermanos... porque poco o nada hemos hecho”? Que lo digamos nosotros: ¡vale!; pero ¿Francisco? ¿Qué no había hecho? ¿Qué le faltaba?
Y la única razón que uno encuentra es que Francisco, como cualquiera que se entrega a fondo a una causa, a una persona, al amor de Dios, tuvo la sensación de lo inmerecido, sensación de desproporción entre lo que recibe y da, entre lo que el otro merece y la criatura le puede ofrecer, entre lo que Dios ha puesto en juego y nosotros podemos darle; sensación de ser sobrepasado.

¿No suele ser esa la sensación de los que se aman? Por mucho que uno se entregue, siempre aparece el “más” del otro: el otro es más, merece más; sensación de indignidad, de pobreza, de un amor inmerecido y de inmenso agradecimiento al mismo tiempo.

El “comencemos hermanos” de Francisco es la actitud de quien se pone ante el Señor entregado y crucificado y lejos de sacar pecho con lo que uno ha hecho hasta entonces, le brota pedir perdón con humildad, invocar y agradecer la gracia de poder comprender de nuevo con alegría el camino del amor.

No se nos oculta que, a veces, comenzar de nuevo puede resultar una tragedia, como el eterno comenzar de Sísifo en la mitología griega, que fue condenado a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle y así tener que empezar, indefinidamente, de nuevo.
Sin embargo, con Francisco de Asís tenemos que afirmar que poder comenzar es una gracia y una suerte. Todos hemos experimentado alguna vez en la vida la suerte que se nos brinda de poder comenzar después de haber tropezado.

Es importante para poder comenzar:
  • Tomar la vida con lucidez y responsabilidad. La vida es bella, delicada y compleja. No existe “ensayo general”. No jugar pues con ella, ni con la propia ni con la ajena.
  • Escuchar los gritos de la vida misma: detectan y anuncian la necesidad de rupturas y nuevos comienzos.
  • Buscar siempre la voluntad de Dios. Él siempre posibilita nuevos comienzos y no amenaza.
  • Posibilitar nuevos comienzos a los demás. Es el mejor modo de agradecer a los que me hicieron posible a mí un nuevo comienzo. Porque, como dice Silvia Schmidt, “el perdón es la única venganza aprobada por el universo”.
  • Tener la clarividencia, la humildad y la osadía de empezar de nuevo porque "la vitalidad de las personas se revela no solamente en la capacidad de persistir, sino en la de volver a empezar” (Francis S. Fitzgerald).
La vida, ¡qué duda cabe!, ofrece muchas oportunidades de comenzar, pero estas se van agotando y desvaneciendo a medida que la misma avanza. Parece, pues, importante ser responsable con ella e ir aprendiendo a adecuar nuestras opciones con lo que gusta a Dios; es lo que Francisco de Asís intentó e hizo siempre.
De este modo nos llegará el final, ese final que la mayoría teme y otros alguna vez lo desean, pero para todos será, sin duda, un nuevo comienzo donde Dios nos mostrará la belleza de lo definitivo.

Comencemos, hermanos, porque “aunque es tarde, es madrugada si insistimos un poco” (Casaldáliga).

martes, 20 de septiembre de 2016

¡El Señor te dé la Paz!


Hoy martes 20 de septiembre, treinta años después de aquel histórico encuentro de oración por la paz que convocó san Juan Pablo II, el papa Francisco invita a todos a vivir “una Jornada de oración por la paz”.

Hombres y mujeres de religiones y culturas diferentes, se han reunido durante 3 días en Asís para hablar, confrontarse y orar uno junto al otro en el Espíritu de Asís.
Entonces y ahora, Asís, la tierra que acogió a Francisco y Clara, es punto de encuentro, ventana al mundo, para todos los creyentes que, desbordados en su pequeñez ante la magnitud de la violencia que de tantas formas amenaza a la humanidad, quieren alzar juntos las manos para pedir el don de la Paz.
Nosotros reflexionamos sobre la Paz de la mano de Monseñor Carlos Amigo y de su libro "Francisco de Asís. en el bien encontrarás la paz":
Todos los hombres hablan de la paz. No hay discurso que se precie donde esta palabra no tenga su lugar. Todos quieren ser agentes de paz y nadie quiere desea recibir el sambenito de ser tildado como enemigo de la paz. Todas estas soflamas en favor de tan deseado objetivo, con frecuencia aparecen en el discurso llenas de agresividad, de humillación del contrincante, de manipulación del lenguaje para disimular las actitudes violentas. 
La paz no puede ser un término ambiguo, equívoco, acomodaticio. Es una palabra sagrada que no ha de ponerse en los labios si no está metida muy adentro del corazón, de donde nacen los deseos auténticos y eficaces, que buscan por encima de todo la fraternidad entre las personas, las buenas relaciones en la convivencia, los encuentros entre todos los países buscando un bien que pertenece a toda la humanidad. Pero junto a unos artificiosos convenios para establecer la paz, permanecen los gestos violentos, exclusiones, injusticias y atropellos, guerras siempre incomprensibles. Las palabras escritas pueden ser de paz. Los gestos, de violencia. 
La paz no es solamente equilibrio interior, quietud y reposo, autoestima, aceptación de la realidad. La Paz es algo más que una actitud y disposición individual, es el concierto de una fraternidad en la que todos se sienten a gusto disfrutando de un bien que para todos se ha dado. Al final, la paz es sentir y gozar la presencia del bien, sobre todo del bien con mayúscula. Del sumo y perfecto bien que es Dios. 
Se equivoca tanto el que supone que el caminar por este mundo va a ser un sendero alfombrado de rosas, como aquel que lo considera un espacio agresivo e inhabitable en el que solamente triunfa el mal y la injusticia. 
Si quieres alcanzar la paz, no te olvides de de caminar abrazado a la justicia. Pues sin reconocer, respetar y defender los derechos que a unos y a otros nos asisten, a parte alguna de la convivencia pacífica se puede llegar. A ello habrá que unir el trabajo por la concordia en la vida social, el poner a disposición de los demás aquello que en inteligencia y en afán del bien hemos recibido, ofrecer el testimonio de una vida justa y honesta. Solamente del corazón lleno de paz se puede repartir y comunicar la paz. 
Cristo es nuestra paz. Por eso la paz que predicamos los cristianos, y por la que se ha de trabajar cada día, es la que hemos aprendido en el Evangelio: ¡mi paz o dejo, mi paz os doy! Tan lejos de la agresividad como de la indiferencia. Tan cerca de Dios como de la caridad fraterna. 
Así es como entiende Francisco de Asís el don de la paz. Ni legítima defensa, ni resistencia pacífica, que puede ser legítimo e incluso obligatorio. Pero el Señor le ha revelado que él tendrá que unir siempre la paz y el bien. Si esto te lleva al bien será camino de paz. Y si la paz es un deseo sincero te encontrarás con el bien. ¡Qué más se puede pedir de la paz! 
El gran deseo de Francisco era que todos vivieran en paz. Y, convencido de que se trataba de algo tan valioso y digno, quería compartirlo con todos y no tenía otra palabra de saludo más sincera para todos que:¡el Señor te dé la paz! 
("Francisco de Asís. En el bien encontrarás la paz", Ediciones Franciscanas Arantzazu, 2013)