lunes, 23 de mayo de 2016

Los hermanos son un don: Éloi Leclerc

El viernes 13 de mayo, a la edad de 95 años, moría, en Saint-Servan (Francia), el hermano franciscano Éloi Leclerc. 

En palabras del P. Gérard Guitton: 
“En esta etapa final de su vida se esforzaba por vivir algo que él mismo escribió: ‘Si sabemos adorar, atravesaremos el mundo con la tranquilidad de los grandes ríos’”.
Nació en Landerneau (Francia), el 24 de junio de 1921, en una familia de 11 hermanos. Cursó sus estudios en el colegio franciscano de Fontenay-sous-Bois, descubriendo la figura de Francisco de Asís a la edad de 12 años y con 18 entra al noviciado franciscano en Amiens, con el nombre de Hermano Éloi.

Después de sus estudios de filosofía, fue enviado en septiembre de 1943, como consecuencia de la ocupación nazi de Francia, a hacer el “servicio de trabajo obligatorio” como estibador en la Estación de Cologne. En julio de 1944 fue detenido por la Gestapo junto a otros seminaristas, sacerdotes y religiosos, acusados de propaganda antinazi. Encarcelado e interrogado fue enviado finalmente al campo de concentración de Buchenwald. Según narra él mismo en su libro ‘El sol se levanta sobre Asís’:
“Entonces comenzó una bajada a los infiernos. El hambre, las brutalidades, las epidemias, todo concurría al aplastamiento del hombre. Este cara a cara con el horror produjo en mí un profundo choque. Yo conocí entonces una angustia terrible”.
En abril de 1945, ante el avance de los aliados, las SS evacuaron el campo embarcando a los prisioneros en un tren de mercancías hacia Dachau, en un viaje que duró del 7 al 28 de abril: “90 o 100 personas por vagón. Moríamos unos tras otros, unos sobre otros”. Se produjo entonces un acontecimiento inolvidable: mientras que uno de los cuatro franciscanos que viajaban en el vagón estaba a punto de morir, les vino espontáneamente a los labios el ‘Cántico de las Criaturas’:
“Era una locura. Mientras todo nos aplastaba, recibíamos la gracia de cantar el esplendor de la Creación. Nos sentíamos de repente llevados por una mano todopoderosa. Fue un tipo de Visitación. ¡ El Señor no nos había abandonado! (…) Gracias a Dios, aquello que era una invitación a la negación y a la desesperación se hizo para mí una oportunidad de ahondamiento en la inspiración franciscana”.
Fue liberado “in extremis” por las tropas americanas al día siguiente de su llegada a Dachau, el 29 de abril de 1945. Las consecuencia de esos dolorosos años se traducirán en una fragilidad sicológica y en fuertes migrañas. “Ordenado sacerdote en 1948, no podía participar en la misiones parroquiales de la época y entonces se puso a escribir, creyendo que no podría hacer ninguna otra cosa en la Iglesia. Al final, fue esto lo que le permitió irradiar el espíritu fraternal de Francisco de Asís con palabras sencillas y luminosas”. (P. Gérard Guitton)

Después de la guerra, fue profesor en el Convento de Metz y en el colegio franciscano de Phalsbourg hasta 1983.

Sus libros han nutrido la vida interior de miles de creyentes de todas las generaciones. En Ediciones Franciscanas Arantzazu, hemos tenido la suerte y el orgullo de poder traducir al castellano varias de sus obras.

Desde aquí nuestro sentido homenaje y nuestro agradecimiento por todo lo que nos ha dado a través de sus libros, quien con la tranquilidad de los grandes ríos ha desembocado finalmente en el mar del amor de Dios.

¡Loado seas, mi Señor, por nuestro hemano Éloi Leclerc!










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