lunes, 26 de septiembre de 2016

Aprender a vivir con Francisco de Asís: Comenzar

Siempre ha sido importante aprender a vivir, pero hoy más que nunca es una asignatura que tenemos pendiente. Necesitamos guías, maestros, compañeros de camino que nos enseñen a vivir, no parcialmente, sino a VIVIR, con mayúsculas, esta hermosa y compleja vida que se nos ha regalado a cada uno.

Comenzamos hoy la novena de San Francisco de Asís y queremos ofreceros estas sencillas reflexiones entresacadas del libro: “Aprender a vivir con Francisco de Asís”, Joxe Mª Arregi, Ediciones Franciscanas Arantzazu 2013, porque creemos que Francisco de Asís es un buen “maestro de la vida”.
“Comencemos, hermanos, poco es lo que hemos adelantado” (cf. 1 Cel 103)
“Comencemos, hermanos” es una frase hecha de Francisco de Asís, pero es, sobre todo, un modo de entender la vida como comienzo continuado, como humildad, como modo de reconocer que amar, lo que se llama amar, nunca lo acabamos de hacer totalmente bien; como modo de reconocer que, por mucho que se haga, no se ha llegado a la meta.

¿Por qué Francisco, tan entregado, tan radical, tuvo que decir “comencemos, hermanos... porque poco o nada hemos hecho”? Que lo digamos nosotros: ¡vale!; pero ¿Francisco? ¿Qué no había hecho? ¿Qué le faltaba?

Y la única razón que uno encuentra es que Francisco, como cualquiera que se entrega a fondo a una causa, a una persona, al amor de Dios, tuvo la sensación de lo inmerecido, sensación de desproporción entre lo que recibe y da, entre lo que el otro merece y la criatura le puede ofrecer, entre lo que Dios ha puesto en juego y nosotros podemos darle; sensación de ser sobrepasado.

¿No suele ser esa la sensación de los que se aman? Por mucho que uno se entregue, siempre aparece el “más” del otro: el otro es más, merece más; sensación de indignidad, de pobreza, de un amor inmerecido y de inmenso agradecimiento al mismo tiempo.

El “comencemos hermanos” de Francisco es la actitud de quien se pone ante el Señor entregado y crucificado y lejos de sacar pecho con lo que uno ha hecho hasta entonces, le brota pedir perdón con humildad, invocar y agradecer la gracia de poder comprender de nuevo con alegría el camino del amor.

No se nos oculta que, a veces, comenzar de nuevo puede resultar una tragedia, como el eterno comenzar de Sísifo en la mitología griega, que fue condenado a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle y así tener que empezar, indefinidamente, de nuevo.

Sin embargo, con Francisco de Asís tenemos que afirmar que poder comenzar es una gracia y una suerte. Todos hemos experimentado alguna vez en la vida la suerte que se nos brinda de poder comenzar después de haber tropezado.

Es importante para poder comenzar:
  • Tomar la vida con lucidez y responsabilidad. La vida es bella, delicada y compleja. No existe “ensayo general”. No jugar pues con ella, ni con la propia ni con la ajena. 
  • Escuchar los gritos de la vida misma: detectan y anuncian la necesidad de rupturas y nuevos comienzos. 
  • Buscar siempre la voluntad de Dios. Él siempre posibilita nuevos comienzos y no amenaza. 
  • Posibilitar nuevos comienzos a los demás. Es el mejor modo de agradecer a los que me hicieron posible a mí un nuevo comienzo. Porque, como dice Silvia Schmidt, “el perdón es la única venganza aprobada por el universo”. 
  • Tener la clarividencia, la humildad y la osadía de empezar de nuevo porque "la vitalidad de las personas se revela no solamente en la capacidad de persistir, sino en la de volver a empezar” (Francis S. Fitzgerald). 
La vida, ¡qué duda cabe!, ofrece muchas oportunidades de comenzar, pero estas se van agotando y desvaneciendo a medida que la misma avanza. Parece, pues, importante ser responsable con ella e ir aprendiendo a adecuar nuestras opciones con lo que gusta a Dios; es lo que Francisco de Asís intentó e hizo siempre.

De este modo nos llegará el final, ese final que la mayoría teme y otros alguna vez lo desean, pero para todos será, sin duda, un nuevo comienzo donde Dios nos mostrará la belleza de lo definitivo.

Comencemos, hermanos, porque “aunque es tarde, es madrugada si insistimos un poco” (Casaldáliga).

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