viernes, 24 de marzo de 2017

Acoger la propia sombra - Cuaresma franciscana

Seguimos viviendo nuestra particular cuaresma franciscana junto a Francisco de Asís, que se nos ha revelado como luz para nuestros propios procesos de conversión.

“Acoger la propia sombra”, ahí está el desafío. Para madurar su decisión de servir a Dios, Francisco tiene que reconciliarse con la parte oscura de su ser. Esto sólo se realiza por un reconocimiento benevolente de los bajos fondos del corazón.

El retiro y la soledad abren a Francisco a esta dimensión de su personalidad. Descubre que ya no puede ir a Dios únicamente con su lado generoso o brillante; tiene que acoger su pecado y la parte no terminada de su ser. Francisco considera su pasado no centrado sobre Dios, lo que llamará en el Testamento su vida “en el pecado”. Debe atravesar la espesura de su discernimiento y acogerse tal y como es, con sus incoherencias y su fragilidad. Es probado, pero persevera y según pasa el tiempo se hace permeable a la misericordia divina. De su arrepentimiento y de su abandono a esa misericordia brotará la paz. 
"Orando así, continua y ardorosamente con ayunos y lágrimas, y desconfiando de su virtud y su fuerza, puso totalmente su confianza en el Señor que, a pesar de las tinieblas en que estaba envuelto, le había inundado de maravillosa claridad". (TC 17)
En cuanto siente la bondad de Dios, surgen las respuestas a su búsqueda de un ideal en la vida. Pensemos en las palabras que lo animan a despreciarse y a apegarse a lo espiritual, o también en la visita del crucificado en medio de su tiniebla, o incluso en su memoria viva de la Pasión. Lo que extraña es esa fuerza de interpelación fruto de experiencias “subterráneas”; acaba por elegir a Dios y desear su intervención, en detrimento de su propia voluntad.

El Maestro de sus sueños empieza a habitar su corazón, el colmo de la alegría incluso en el fondo de la fosa.  Su corazón está conmovido y Dios lo agarra por su capacidad de amar. Su “Yo” queda tocado físicamente, en sus valores sociales y en su afectividad. Está ya en camino de conversión.
"Enardecido todo él interiormente, salió de la cueva y animoso, ligero y alegre, emprendió el camino a Asís”. (TC 17)

Cf. Francisco de Asís y sus conversiones, Pierre Brunette
Ediciones Franciscanas Arantzazu, 2012

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