jueves, 27 de abril de 2017

En el encuentro brota la vida

Estamos cansados de palabras, cansados de tantas promesas políticas e incluso religiosas que se quedan en eso, en promesas.  En medio de la vorágine de nuestra existencia necesitamos encontrar valores, encontrar serenidad y felicidad personal, pero muchas veces nos equivocamos corriendo detrás de los placeres ocasionales y siempre nuevos. 
Vivimos nuestra libertad como algo para saciar nuestros deseos: "¡Soy libre porque hago lo que quiero!". Nos cuesta tener en cuenta a los demás, o tomar conciencia de nuestras propias exigencias más interiores. Nos sentimos insatisfechos y sin verdadera paz interior. Nos creemos libres, pero no sabemos qué hacer con nuestra libertad. 
En un mundo globalizado, interconectado al segundo a través de las redes sociales, estamos, en realidad, cada vez más solos y nos sentimos más víctimas de los otros, del sistema. Nos faltan relaciones auténticas, nos cuesta superar el miedo y la desconfianza que paralizan todo movimiento hacia los demás. Dudamos de las posibilidades de unas relaciones abiertas y universales, nos cuesta creer en la palabra dada, confiar en otros es casi una locura... Interconectados sí, pero a distancia, sin un verdadero empeño en la relación, en salir al encuentro del otro. Y, sin  embrago,  la realidad es que solamente vivimos y maduramos de verdad a través de la relación.

En Francisco de Asís encontramos una existencia realizada, serena, pacificada. Su mayor testimonio no son sus palabras sino su vida, una vida auténtica nacida del encuentro: con Dios, consigo mismo, con los otros, con toda la creación. Su libertad, orientada hacia Dios, le permite desplegar lo mejor de su personalidad en las relaciones con todos y con todo
. Es libre porque es capaz de abrirse y darse a los demás con simplicidad y sin miedos. Francisco ve en cada ser un posible amigo, hermano o hermana. Se arriesga y sale al encuentro del otro, cualquiera que este sea,  sin reservas ni sospechas: al encuentro de los bandidos en el bosque, al encuentro del Sultán en su corte... Francisco ha descubierto que cada persona, cada ser vivo no es solamente lo que se manifiesta hacia fuera, en la superficie. Su verdadera identidad, su verdadera imagen está en el interior y a menudo es necesario sacarla de nuevo y liberarla de tantas formas de esclavitud. 

No se trata de hacerse preguntas sobre los demás, de clasificarlos, juzgarlos, temerlos... sino de preguntarse: ¿por qué no vamos hacia el otro? ¿qué nos lo impide? O ¿por qué vamos sólo hacia los semejantes o los amigos? 
En medio de un mundo dividido, marcado por tantas y tan diversas ideologías, la mayor parte de ellas excluyentes, egocéntricas, interesadas, frustrantes e incluso suicidas; en medio de una sociedad donde lo que impera es el juicio que "ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio",  que con frecuencia quiere obligarnos a tomar partido desde el "o estás conmigo o estás contra mí",  Francisco de Asís nos invita a creer en la fraternidad universal, en la alegría de vivir relaciones verdaderas, liberadoras y gratuitas, a creer en el gusto por la vida, una vida reconciliada consigo misma, con los demás y con toda la creación. A creer que en la diferencia y el encuentro brota la vida.

Cf. Recuperar la intuición evangélica franciscana, Giacomo Bini
Ediciones Franciscanas Arantzazu

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